20/12/10
La partitocracia y nuestra democracia secuestrada (Autor: Isaac Cabrera Bofill)
Partiré de la base de que los partidos políticos son un mal que parece ser necesario para los regímenes democráticos y a resumidas cuentas se establecen como sistemas bipartidistas o multipartidistas. En el caso español, tal y como se conforma el espectro político en los últimos años, podríamos hablar de un sistema bipartidista imperfecto pues al lado de los dos partidos mayoritarios (PSOE y PP) encontramos partidos “terceros” que sin tener gran representación política a nivel nacional, se convierten a veces en esenciales para lograr una posible estabilidad en el gobierno. Cierto es que también existen voces contrarias que siguen manteniendo que España cuenta con un sistema multipartidista. Sin embargo, en las últimas elecciones de Marzo de 2008, el PSOE obtuvo el 43,87% de los votos válidos, seguido del PP con un 39,94%. Si observamos el porcentaje de votos del tercer partido político más votado nos daremos cuenta que existe una diferencia abrumadora. Izquierda Unida (IU) conseguiría solamente el 3,03% de los votos válidos. Si esto no es bipartidismo, que venga Dios y lo vea, ya que estamos ante un sistema de partido dominante en el que uno de los partidos políticos mayoritarios cuenta con un respaldo electoral entre el 40% y 50% de los votos. Si seguimos echando la vista atrás, comprobamos que no es algo que haya surgido de la nada.
Así pues, por un lado el bipartidismo puede traer menos movilidad política y encasilla el electorado en dos formaciones políticas que sí tienen posibilidades de llegar a controlar el poder, o lo que es lo mismo, ganar las elecciones para formar gobierno. Incluso algunos opinan que es un deterioro de la democracia, algo con lo que no estoy de acuerdo, ya que cierto es que el bipartidismo acaba de un plumazo con una multitud de alternativas de gobierno, pero lo realmente interesante y bueno es la estabilidad política que este fenómeno genera, a diferencia del multipartidismo cuyo ejemplo más cercano es Italia, donde los partidos políticos crean coaliciones que consiguen tarde o temprano desestabilizar el sistema democrático. Entonces, ¿Acaba el bipartidismo con las minorías? No. Ejemplo claro es la clara importancia que tienen los partidos nacionalistas en España. Tanto CiU como PNV han sido partidos que han jugado un papel fundamental en la estabilidad del gobierno. Otra cosa es el sistema electoral español, la Ley D´Hondt que sí penaliza a las minorías, es más, en un principio se pretendía esto para encontrar una cierta estabilidad en los primeros años de la democracia española. Es decir, el efecto esperado de este sistema era evitar una excesiva fragmentación en la representación parlamentaria. Ello conlleva a una baja representación de las distintas fuerzas políticas, la utilización del denominado “voto útil” o apostar por el caballo ganador, así como una verdadera bipolarización política.
Por lo tanto, no considero que el bipartidismo atente contra el régimen democrático, pero sí lo hacen los partidos políticos que se benefician de ello. Cuando dichas organizaciones se hacen imprescindibles para la canalización de las demandas de los ciudadanos que forman parte de una sociedad civil desestructurada, y cuando el poder pasa a ser propiedad de los partidos y no de los ciudadanos, ese régimen ya no puede denominarse Democracia sino más bien Partitocracia, es decir, el gobierno de los partidos políticos.
Aunque no salga en los medios de comunicación, es sabido que el poder de los partidos políticos se ha convertido en un gran pulpo de largos tentáculos que pasan desapercibidos en multitud de ocasiones. En España el partido prevalece por encima de la sociedad civil que se ve incapacitada para tomar iniciativas propias sin necesidad de intermediarios. Están presentes en las universidades, en los medios de comunicación (aunque sean empresas privadas), sindicatos, etc. Es más, en muchas ocasiones los movimientos cívicos que surgen en España acaban siendo absorbidos por los partidos políticos.
Las listas cerradas y bloqueadas elaboradas por los partidos políticos son un elemento esencial para poder hablar de partitocracia en España. Los ciudadanos se ven obligados a votar unas listas en las que los candidatos ya han sido previamente elegidos por los partidos políticos, por lo que realmente nos limitamos a votar siglas o a la cabeza visible de la organización que pretendemos apoyar. De hecho, somos de los pocos países que cuentan con este tipo de listas. Otro de los aspectos a tener en cuenta es la financiación pública de los partidos. Un reparto que se hace según los escaños obtenidos. Dicha característica viene ligada al hecho de la poca democracia interna con la que nuestros partidos políticos cuentan, imagen que luego se traslada a la ciudadanía a través del clientelismo, así como la transformación de la política activa en un simple reality show, donde los partidos políticos se acusan unos a los otros con temas previamente pactados. Los partidos políticos españoles son monstruos voraces que tienen un único objetivo, alcanzar el poder para acapararlo el mayor tiempo posible, aunque para ello se tenga que engañar a una sociedad que empieza a dar síntomas de agotamiento frente a este problema. En el Barómetro de octubre de 2010, un 18,1% de los encuestados considera que uno de los principales problemas que existe en España es la clase política y los partidos políticos. Sin embargo, la cosa no queda ahí, pues un 44,4% de los encuestados dice que no le inspira ninguna confianza el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Lo peor de todo es que tampoco inspira confianza alguna el líder de la oposición y única alternativa de gobierno Mariano Rajoy con un 47% de los encuestados.
Así pues, si la sociedad civil española no tiene confianza alguna en los líderes de los partidos políticos mayoritarios. ¿Qué futuro tiene nuestra democracia ante unos partidos políticos que han perdido o están en proceso de perder la confianza plena de sus ciudadanos? Mientras tanto, los partidos seguirán aferrándose al poder mientras la democracia sigue secuestrada ante la atenta mirada de una sociedad civil sin brazos ni piernas.
Isaac Cabrera Bofill.
Estudiante de Ciencias Políticas y de la Administración.
20/12/2010
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2 comentarios:
¡Enhorabuena por el artículo Isaac! me parece que te centras en un punto clave de debate y que echo de menos en los medios de comunicación, como es el camino al presidencialismo ya que lo único que se dicen es la necesidad de una reforma. Muchas hipótesis al aire, pero ¿por qué nadie se atreve a llamar las cosas por su nombre y plantear efectivas soluciones? siempre escucho críticas, pero, ¿qué pasa con las acciones?
Un saludo, Macarena Ramos
Muchas gracias Macarena! La verdad es que últimamente los medios de comunicación no tratan temas importantes sino que simplemente se dedican a darnos pequeñas pinceladas de lo que se supone que ocurre en nuestro país.
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